Por qué la guerra en medio oriente también se juega en el sur

El soberanismo no es indiferente: lo que impone el orden unipolar, también amenaza a nuestra patria


Muchos en Chile creen que lo que ocurre en Irán o Palestina está lejos. Pero lo que está en juego allá —la soberanía, la resistencia, la dignidad frente al imperio— es lo mismo que podríamos perder aquí. La neutralidad no es opción. En este mundo en guerra, quien calla otorga. Y el soberanismo verdadero no puede mirar hacia otro lado.

La reciente ofensiva israelí contra Irán, con más de 200 aeronaves atacando infraestructura estratégica, incluyendo instalaciones nucleares, centros de comando y hasta viviendas de científicos y generales, no es solo un conflicto regional: es una acción del anglosionismo y el estado profundo contra una nación que se niega a someterse al orden unipolar.

Una guerra por el futuro del mundo

Con todas sus contradicciones, Irán representa hoy a uno de los pocos Estados que desafían la hegemonía financiera, militar y cultural del bloque dominado por EE.UU., Israel y la OTAN. Lo castigan no por lo que hace, sino por lo que se niega a ser: una colonia.

Este bloque de poder se ha sostenido en guerras de saqueo, destrucción cultural, atentados de falsa bandera y operaciones encubiertas de desestabilización. Fue así en Afganistán, Irak, Libia y Siria, donde la excusa de la «democracia» ocultó la verdadera ambición: el control del petróleo, el gas, las rutas estratégicas y los recursos naturales.

El caso de Afganistán es paradigmático: la ocupación permitió el cultivo masivo de amapola para la producción de opio y heroína, bajo protección militar, con rutas gestionadas por mafias internacionales ligadas a la CIA y servicios de inteligencia occidentales, como han denunciado exagentes y periodistas que documentaron estos vínculos desde Vietnam hasta Afganistán. La llamada «guerra contra el terrorismo» fue en muchos casos una tapadera para el narcoterrorismo geoestratégico.

Terrorismo inducido y guerra psicológica

El mismo bloque de poder que hoy ataca a Irán financió y entrenó al terrorismo islámico radical: Al-Qaeda, ISIS y otras facciones fueron armadas y utilizadas para sembrar el caos en Medio Oriente, justificar intervenciones militares, y criminalizar a todo el mundo musulmán. Esto permitió alinear a la opinión pública con los intereses de la OTAN e Israel, mediante atentados de falsa bandera y una maquinaria mediática global.

El conflicto como expresión de una guerra híbrida

Lo que hoy vivimos es una guerra híbrida: no se libra solo en el campo militar, sino en los medios, en la educación, en las redes, en la moneda, en las vacunas, en la cultura. Las sanciones económicas, los golpes blandos, la desinformación, la cooptación de élites nacionales, la crisis inducida: todo es parte del arsenal de dominación globalista.

Unipolaridad vs Multipolaridad: el verdadero campo de batalla

Este conflicto también expresa la transición histórica entre un mundo unipolar, dominado por EE.UU. y sus satélites, y un mundo multipolar en construcción, donde emergen polos como Rusia, China, Irán, India, Sudáfrica, Burkina Faso y Brasil. El ataque a Irán es parte de un intento desesperado por frenar ese avance, por evitar que los pueblos recuperen su soberanía política, cultural, económica y territorial.

No es tan lejos como parece: Chile también está en la mira

Este no es un conflicto ajeno. La lógica del enemigo es global. Hoy bombardean Teherán; mañana podría ser Caracas, La Paz o incluso el Cono Sur. El sueño expansionista del sionismo internacional ya tiene nombre: Plan Andinia. Y la compra silenciosa de tierras en la Patagonia chileno-argentina, la infiltración cultural, la subordinación militar de nuestras Fuerzas Armadas y el debilitamiento moral de nuestra nación son síntomas del mismo plan.

No es casualidad que durante una reciente reunión oficial con Javier Milei, presidente de Argentina, Netanyahu tuviera sobre su escritorio un mapa del Cono Sur, incluyendo la Patagonia. Ese gesto, lejos de ser inocente, es una señal inquietante del interés estratégico que despierta nuestra región en los centros de poder del sionismo internacional, y alimenta con razón las sospechas sobre una proyección territorial concreta sobre el extremo sur del continente.

Chile podría convertirse en la nueva Palestina si no despertamos.

La guerra no es solo con bombas: también es con relatos

El poder globalista no solo mata con misiles. Mata con mentiras, con manipulación mediática, con doble moral. Lo que se llama «comunidad internacional» es en realidad un bloque de naciones vasallas del imperio financiero. Por eso debemos romper el cerco informativo, pensar con cabeza propia, y elegir el lado correcto de la historia.

El deber soberanista: estar despiertos, pensar geopolíticamente

El soberanismo no es un proyecto encerrado en las fronteras. Es una doctrina que comprende que la libertad de una nación depende de la libertad de todas las demás. Por eso nos importa lo que pasa en Irán, Siria, Palestina, Rusia, Burkina Faso. Porque cada victoria o derrota contra el globalismo nos afecta a todos.

Como dijo Aleksandr Dugin: «El mundo unipolar es un imperio de ocupación cultural; el mundo multipolar es el despertar de las civilizaciones».

Conclusión: no hay soberanía sin conciencia del mundo

Desde el Movimiento Soberanista de Chile, expresamos nuestra solidaridad con el pueblo iraní y con todas las naciones que resisten al eje del mal. Denunciamos el ataque sionista como un acto de guerra ilegítima, y llamamos a nuestros compatriotas a no dejarse engañar por el relato oficial.

Lo que hoy se juega en Medio Oriente también se juega en el alma de Chile.

Y no seremos neutrales.

Patria o globalismo. Soberanía o subordinación.

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